RAJASTHAN II: BIKANER ( बीकानेर )
Fotos: contrastes en Bikaner.
Bikaner es una
ciudad de seiscientos mil habitantes ubicada en el centro del desierto de Thar,
que es compartido con Pakistán. Los camellos aportan una nota de color,
especialmente chocante cuando se ven sus largos cuellos emerger en las calles del
centro de la ciudad entre un mar de motos y tuc tucs. Las temperaturas máximas
a veces llegan a los cincuenta grados entre los meses de abril y julio. Fue fundada
por el príncipe Bika para construir su propio reino al tiempo que expandía los
dominios marwaríes hacia el norte guerreando contra otros reinos rajputs.
Foto: puerta Kote.
Alrededor de la
puerta Kote, un suntuoso arco de piedra roja, se desparrama el mercado
atravesado por la vía del tren. El habitual maremágnum de personas y animales
se detiene de repente porque han bajado la barrera, se suceden empujones y
apreturas hasta que pasa el lento convoy y el gigantesco tapón se
descongestiona. En ese momento noto que alguien tira de la bolsa que llevo en
la mano con el pollo recién comprado: demasiado tarde, un perro callejero ha
hecho presa en ella y me la arranca destrozando el plástico para escabullirse
velozmente a renglón seguido entre los cientos de peatones que me rodean.
Vuelta a la pollería, elegir el animal, degollarlo, etc etc., pero esta vez va
a la mochila, aunque manche. No es fácil encontrar otra fuente de proteínas en
esta ciudad, ni fresca ni enlatada.
Fotos: havelis.
Niños picaros
persiguen a los turistas para conseguir alguna rupia ofreciendo con descaro su
mediación idiomática en los puestos de verduras, frutas y especias cuyos
tenderos no necesitan intérpretes. Entre coloridos cestos de chiles que
impregnan el aire de vapores picantes se ofrecen láminas adhesivas de dioses y
diosas y objetos brillantes para decorar los hogares en las inminentes fiestas
de Diwali. En una enorme marmita hierve lentamente leche de camella.
Existe en esta ciudad un centro tecnológico enfocado a la cría y
aprovechamiento del camello dromedario, animal que tuvo también su papel en los
batallones guerreros del pasado. Con bastante paciencia se consigue atravesar
el mercado para sumergirse en las callejuelas del casco viejo, donde se
conservan bastantes casas antiguas o havelis con sus molduras, celosías,
arcos, balcones y barrocos adornos de piedra. Transitando por ellas se llega a
los templos principales, el hinduista de Laxminath y el jainista de Bhandasar.
El jainismo tiene
algunos parecidos con el budismo y nació al menos dos siglos antes, aunque hay
quien dice que procede de los antiguos cultos dravídicos, previos a la
colonización aria del subcontinente. Esta religión no reconoce dioses ni castas
y el protagonista es el individuo, que puede alcanzar el grado sublime de tirthankara.
En tal situación el yira o alma se libera del karma, al que atribuyen
una naturaleza física, y de la rueda de reencarnaciones alcanzando así el moksha
o conocimiento perfecto. Predican la no violencia, la castidad y la pobreza y
son extremadamente prudentes con los animales. Por ejemplo, un insecto puede
contener el yira de una persona que generó mal karma en su vida anterior
por matar insectos, por tanto cuidan mucho de no dañar a ninguno incluso
barriendo el suelo que van a pisar. Hay seis millones de jainistas en el mundo,
la mayoría de ellos en India.
El Templo
Bhandasar Jain data del siglo XV y es famoso por sus hermosas pinturas y
frescos recreando la vida de los veinticuatro tirthankaras y está
dedicado a Sumatinatha, el quinto de ellos. Se dice que en su construcción se
utilizaron cuarenta mil kilos de ghee en lugar de agua para hacer el
mortero, por eso se conoce también como el templo de la mantequilla.
El jainismo sólo
representa el 0,4 por ciento de la población india, pero tiene un gran poder
político y económico. Son familias más adineradas que las cristianas y tienen
un nivel cultural elevado. El sesenta por ciento del comercio mundial de
diamantes lo detenta una comunidad de 1500 jainistas en Bélgica. Algunos de
ellos, cuando padecen enfermedades terminales, practican la sallekhana o
gran depuración, consistente en dejar de comer hasta morir de inanición.
Fotos: Karan Mahal.
Fotos: Phool Mahal.
Fotos: Badal Mahal. En la foto inferior Krishna y Radha.
Excepcionalmente,
el fuerte Junagarth no está construido en un cerro sino al mismo nivel que el
resto de Bikaner. Desplazó al fuerte original, que había sido levantado por el
príncipe Bika un siglo antes. Dieciséis generaciones de gobernantes lo han
habitado desde el siglo XVI hasta el XX y muchas de esas familias decidieron
edificar en su interior sus propios palacios. Por tanto, es una mezcla de
estilos que van de la arquitectura rajput y mogola hasta diseños más
funcionales y occidentalizados. Está edificado con piedra arenisca roja y mármol
italiano y tiene siete puertas principales que dan acceso a los patios, templos
y palacios, una de las cuales incluye la piedra sati que conmemora la
autoinmolación de las reinas de la ciudad-estado. El palacio más antiguo es el Phool
mahal (palacio de las flores), del siglo XVI-XVII, pero quizá el más lujoso
sea el Karan Mahal, de finales del XVII, rodeado de jardines y
embellecido con vidrieras, espejos y tallas de piedra y madera. Su sala del
trono es emblemática. Badal mahal (palacio del clima) es llamativo por
sus paredes completamente decoradas con pinturas de nubes monzónicas entre las
que aparecen imágenes de Krishna y Rhada.
A una hora de
camino de Bikaner se encuentra el templo Karni Mata, en el que se practica una
devoción a las ratas, consideradas descendientes de Laxman, hijo de Karni Mata,
devuelto a la vida por los dioses tras ahogarse en un pozo con la condición de
tomar él y sus descendientes la forma de estos animales. Unas veinticinco mil
pululan por el espacio sagrado y son alimentadas por los peregrinos.











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