RAJASTHAN ( राजस्थाण ) I. JAIPUR( जयपुर )


Foto: Ganesha.

Cuando los ingleses invadieron el subcontinente, India era un puzle de más de 600 reinos gobernados por otros tantos príncipes en régimen feudal, maharajás o simplemente rajás si eran hinduistas y nawabs si eran musulmanes aliados del imperio mogol. Estos monarcas, como se ha visto en el caso de Delhi, construyeron grandes conjuntos palaciegos que tenían los lujos más refinados y que hoy en día son atracciones turísticas con el nombre de fuertes. Cada una de las antiguas capitales posee su fuerte, mejor o peor conservado.
El territorio que hoy ocupa Rajasthan (tierra de reyes) había resistido bastante bien los ataques de la expansión islámica impuesta por la religión musulmana en gran parte del país. Durante la dominación mogola lograron conservar sus creencias, en algunos rajs mediante una defensa militar a muerte y en otros a través de pactos de vasallaje. Es una región que recibe numerosos visitantes debido a su proximidad con Delhi, al buen estado de conservación de sus conjuntos monumentales y al desierto del Thar, que se extiende por el noroeste. En contrapartida debe señalarse que es un territorio muy árido y con altas temperaturas lo que, unido al paisaje característico de las capitales indias (tránsito difícil por la aglomeración de gente, animales y vehículos ruidosos, olores nauseabundos y basuras y mugre por doquier), exige al viajero una dosis importante de paciencia y aguante.  


Jaipur, la capital de Rajasthan y la puerta más usual para visitarlo viniendo desde Delhi, es una gran ciudad de tres millones de habitantes que posee un casco antiguo repleto de tesoros históricos. A pocos kilómetros en dirección norte se encuentra Amber, donde se ubica un enorme conjunto fortificado. Posee templos singulares como el de Galta Ji y atractivos puntos de interés como el singular observatorio astronómico. En su arquitectura domina la construcción en piedra arenisca roja, un material abundante en todo el país y especialmente en este Estado, que almacena el noventa por ciento de sus existencias en toda la India.
Parece ser que los adalides de esta parte norteña de la región rajputana, a diferencia de los clanes del sur, firmó alianzas con los mogoles tras la caída del imperio musulmán de la dinastía Lodi. Esto debió permitirle conservar su religión y tradiciones, así como sentar un modelo de colaboración que siglos más tarde se prolongaría durante la invasión británica. 
Cuando el viajero llega a Jaipur se encuentra con un conflicto de abastecimiento pues la mayoría de la población es vegetariana y no resulta nada fácil encontrar un lugar en el que comprar algo de proteínas animales. Se pueden recorrer barrios enteros sin encontrar una tienda en la que adquirir un pollo que, como en toda Asia, suele venderse vivo. La segunda dificultad aparece la hora de cocinar, pues aparecer con el ave en una guesthouse despierta un rechazo frontal, igual que consumir una cerveza. Es algo que suele molestar mucho a la gente y que por dicha razón se debe ocultar.





Fotos: Hawa Mahal y palacio de la ciudad.

El Hawa Mahal o palacio de los vientos de Jaipur es probablemente el edificio más famoso de Rajasthan. Se trata de un anexo al Palacio de la ciudad que prolongaba la zenana mediante un conjunto de mil ventanas y miradores de cinco pisos, todos ellos protegidos por celosías de piedra con un eje levemente oblicuo que permitían a las mujeres de la casa ver la ciudad sin ser vistas, cumpliendo así las normas del purdah. La visita al resto del palacio muestra un conjunto de patios, murallas y aposentos exquisitamente decorados y, desde los adarves, se pueden ver las peculiares construcciones del observatorio.


Fotos: observatorio astronomico.

La astronomía ha sido tradicionalmente una fuente importante de información para el hinduismo, muchas celebraciones dependen de las conjunciones astrales. Los días de luna llena son días de pooja y se hacen coincidir con diferentes eventos además de servir de referencia para las celebraciones que tienen lugar a lo largo del año. Otras efemérides o festivales se programan en función de la posición de los planetas del sistema solar. Así, la fecha de Kumbh Mela se determina por las posiciones relativas del Sol, la Luna y Júpiter. O, por ejemplo, el Karva Chauth tiene lugar siempre el cuarto día de la luna menguante del mes lunar de kartik, que suele ser entre octubre y noviembre. En esta celebración las mujeres casadas se abstienen de comer y beber durante las horas de sol y hasta la salida de la luna para que sus maridos no enfermen ni mueran. Se reúnen para intercambiar cuencos decorados que llenan de dulces, brazaletes, pañuelos y otros regalos y para cantar ciertas canciones. Como deben vestir prendas especiales y adornarse con abalorios que solo se usan en esta ocasión, los bazares funcionan como un chivato para el viajero atento advirtiéndole de que algo se está preparando.
En 1728, setenta años antes de la construcción del Hawa Mahal, el maharajá Jai Singh trajo a Jaipur especialistas para erigir su observatorio, una colección de edificios con orientaciones específicas y escalas métricas que permitían seguir la trayectoria de los cuerpos celestes mediante la proyección de sombras solares sobre las mismas. Uno de ellos tiene casi treinta metros de alto.
El barrio viejo se aglutina alrededor de una amplia avenida, no por ello menos atascada de vehículos, animales y personas. Muchos de los edificios son antiguas havelis caídas en desgracia por la desidia de sus propietarios y convertidas en poco menos que una ruina. Son casas de varios pisos con fachadas profusamente decoradas, miradores con primorosas celosías, arcos y molduras por doquier. En la parte central tienen un patio porticado o chowk que comunica todas las estancias y cumple un papel religioso a la vez que es un espacio de relax para la familia, con una fuente o pozo y un árbol de naturaleza sagrada. A medida que uno se aleja de la arteria principal el tránsito va resultando más y más complicado por la estrechez de los callejones, el agobio de motos, tuc tucs, coches, vacas, perros, gente innumerable y, como nuevo ingrediente, bandadas de macacos que se pasean por el abigarrado tendido eléctrico escudriñando a los transeúntes por si pudiesen arrebatarles algún objeto de su interés.



Fotos: fuerte Amber.

A nueve kilómetros en dirección norte se llega al fuerte de Amber, subido a un cerro a orillas del lago Maota. Hasta hace poco los turistas llegaban hasta la puerta principal a lomos de elefante, afortunadamente hoy día se ha prohibido esa actividad. Grandes patios, una sala de audiencias llena de columnas, sucesivos palacios a los que se ingresa por puertas monumentales con decorados hinduistas, largos adarves, camas de faquires, puertas de marfil y una lujosa zenana cuajada de motivos preciosistas y lujos diversos.


Foto: templos de Galta Ji.

También en las afueras de Jaipur, pero en dirección Este, hay un espacio que atrae importantes peregrinaciones en ciertos días del año. Los templos Galta Ji son un conjunto de edificios sagrados construidos a principios del siglo XV sobre una pendiente en la que el agua de manantiales ubicados en las alturas mantiene llenos siete estanques o kunds para la purificación de los devotos. En otro tiempo residían aquí diversas órdenes de ascetas sadhus y yoguis en permanente enfrentamiento. Hoy ya nadie disputa por el lugar, que se ha convertido en ciudad de los macacos, excepto durante el festival de Makara Sankranti, que cada mes de enero atrae a varios miles de creyentes para realizar sus poojas al dios solar Surya y bañarse en las aguas de los estanques, a ser posible en el Galta Kund, para mejorar su fortuna en el año que empieza.

Foto: encuentro con peregrinos.

De regreso a la ciudad rosa, como llaman a Jaipur, tuvimos la suerte de coincidir con un grupo de peregrinos en uno de sus templos hindúes, que son innumerables en todas las ciudades indias. La soledad y el abandono de las ruinas centenarias fue sustituida por un festival de colores y música. No teníamos posibilidad de entendernos en ningún idioma ni de saber por tanto de qué remoto lugar de la región procedían, pero nos brindaron su calor, su lecho y su comida. Los jóvenes nos veían tan raros que todo eran selfies para la posteridad. Los dioses de los altares, de extravagantes y surrealistas formas, fueron testigos de nuestro feliz encuentro y el Om salió por unos momentos de su lejanísimo cautiverio celestial para inundar con su luz el pequeño salón del humilde templo.

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